febrero 02, 2009

Adiós Moroko...



Adiós Moroko. Hubiera deseado asistir a tu funeral; no tuve la oportunidad; ya tarde me enteré que falleciste. Cuando recibí la noticia me dolió el corazón, y no es porque me hubiera sorprendido tu muerte, sino porque siempre te seguí la pista para estar cerca de ti y pocas oportunidades tuve de verte. No sé a qué se debió, pero al final, pensé que como la muerte es algo íntimo, creo que preferiste vivirla discretamente con tu familia.

Siempre hubo demasiados factores que hicieron que no disfrutara tu presencia tanto como yo lo deseaba. Todavía tengo grabada tu sonrisa, tu rostro de facciones felinas, tus ojos melancólicos. Tu fragilidad me instaba la necesidad de protegerte, y sin embargo, racionalizaste tu tiempo para conmigo. Sé que amé a tu amigo, incluso tuve una larga relación con él, pero no sé si ese fue un factor por el que después ya casi no te veía. Muchas veces te necesité... al respecto, creo que ya no hay nada qué decir.

Te llevaré en mi corazón para siempre. Fuiste de esas personas que quise y que me señalaron el camino.

Con todas las de perder, fuiste un luchador aguerrido, que peleó hasta el final por su vida. Recuerdo que te dijeron que nada más vivirías seis meses, le robaste a la muerte cuatro años más. Hasta siempre Mau, Moroko, te quise mucho...

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